Emblemas patrios 


La Bandera
El origen de nuestra actual bandera marcó el hito de la Independencia de Chile, puesto que fue izada por primera vez en forma pública el 12 de febrero de 1818, durante la solemne proclamación de la Independencia, en la que también se dio inicio al rito del juramento de la bandera. 
Nuestro pabellón patrio fue concebido por el ministro José Ignacio Zenteno durante el gobierno de don Bernardo O' Higgins y fue diseñado por el militar español Antonio Arcos. 

Los colores rojo, azul y blanco, representan respectivamente la sangre vertida durante la guerra de la Independencia, el nítido azul de nuestro cielo (hoy en Santiago ya no tan azul) y las puntas nevadas de la Cordillera de Los Andes. La estrella de cinco puntas simboliza a los poderes del Estado que velan por la integridad de la Patria, y el fondo azul donde ésta descansa corresponde exactamente a un tercio del tamaño de la parte inferior de color rojo. 

Intentos anteriores 
Antes de contar con la actual bandera nacional, existieron otras dos, que nunca llegaron a legalizarse. La primera surgió en la época histórica conocida como la Patria Vieja, como distintivo de los patriotas liderados en ese momento por José Miguel Carrera. La conformaban tres franjas horizontales de colores azul, blanco y amarillo, que representaban los tres poderes del Estado: majestad, ley y fuerza. Sin embargo, este símbolo patrio no logró sobrevivir a la batalla de Rancagua, la que marca el final de la Patria Vieja. 

El segundo pabellón fue instaurado tras la Batalla de Chacabuco, el gran triunfo de los independentistas que dio origen al período de la Patria Nueva el 12 de febrero de 1817. Mantuvo la misma estructura que el anterior, las tres franjas horizontales, pero cambió el color inferior amarillo por el rojo. Esto se debió a la influencia de los versos de don Alonso de Ercilla. Al igual que la anterior, esta nueva bandera nunca pudo legalizarse, entre otros motivos, porque se parecía mucho a la de Holanda. 

Uso de la bandera
Con excepción de los días 21 de mayo y 18 y 19 de septiembre de cada año, en que deberá izarse obligatoriamente y al tope, ninguna persona ni reunión de personas podrá usar en público y enarbolar en los edificios públicos o particulares la Bandera Nacional sin la correspondiente autorización. 

En el exterior de los edificios o construcciones, la Bandera Nacional se expondrá en ejemplar de tamaño proporcionado en buen estado de conservación y limpieza. Se la enarbolará en un asta de color blanco.

Cuando no fuere posible izarla en un asta o mástil, se la colocará extendida totalmente en forma horizontal o vertical, debiendo quedar, en ambos casos, el cuadro azul en la parte superior y a la izquierda del espectador. 

Si la Bandera Nacional hubiere de acompañarse de pabellones de otras naciones, se procederá como sigue:
a) Cuando sólo sea uno el pabellón extranjero, se la ubicará a la izquierda del espectador.
b) Si está acompañada de un número par de pabellones extranjeros, ocupará el centro de ellos.
c) Si se coloca junto a un número impar, ocupará el primer lugar al lado izquierdo del espectador, u otra ubicación en forma que destaque.
d) En todo caso, el ejemplar expuesto de la Bandera Nacional no podrá ser inferior en tamaño a los demás, ni colocarse a menor altura que éstos. 

Cuando fuere preciso izar y arriar la Bandera Nacional en alguna ceremonia con concurrencia de banderas extranjeras, se la izará la primera y se la arriará la última.
 




El Escudo Nacional 


 


El nacimiento de este emblema se remonta al año 1832, cuando con la firma del entonces Presidente de la República, José Joaquín Prieto, y su ministro Joaquín Tocornal, se envió al Congreso el proyecto que establecía la existencia y las características del Escudo Nacional, moción que se aprobaría recién dos años más tarde: el 24 de junio de 1834. 

El diseño se basó en la propuesta realizada por Carlos C.Wood, que recoge los mismos colores de la bandera, que cortan en dos campos el fondo figurativo central. El tono azul se encuentra en el superior, el rojo en el inferior y la estrella blanca en el centro del fondo. 

Sobre el fondo figurativo se ilustra un penacho o plumaje tricolor: azul, blanco y rojo, y por soportes lleva un huemul a la derecha y un cóndor a la izquierda, cada uno con una corona naval dorada. 

El lema "Por la razón o la fuerza" fue incorporado en 1920 al Escudo Nacional. Y finalmente, el 18 de octubre de 1967, por Decreto Supremo se especificaron en forma definitiva las características de nuestro actual Escudo, al que se lo reconoce como emblema patrio. 
 



Nuestro Himno Patrio


 


El himno patrio que entonamos hoy en día data de 1847 y su compositor fue el poeta Eusebio Lillo, a quien el Gobierno de Chile le encomendó la creación del texto que debía reemplazar al que había sido el primer contenido de la Canción Nacional. El problema con el original es que se consideraba demasiado "antiespañol", por lo que se decidió mantener la composición musical y adaptar los nuevos versos. A pesar del cambio, el nuevo texto mantuvo la estrofa del coro original: "Dulce Patria recibe los votos....".

El primer himno nacional que corearon los chilenos fue creado en 1819 por el compositor y violinista Manuel Robles y el poeta Bernardo de Vera y Pintado. Las estrofas de esta primera versión se cantaron hasta 1828 cuando el ministro plenipotenciario en Inglaterra, Mariano Egaña, solicitó una nueva composición musical que acompañara a los versos de Vera y Pintado. La misión recayó en el compositor español Ramón Carnicer, quien en esa época se encontraba exiliado en Inglaterra.

Así queda de manifiesto que nuestro himno patrio tuvo varios cambios, hasta encontrar el equilibrio entre la composición musical y el texto. Primero se le cambió la musicalización sin variar el texto y luego, se modificaron los versos manteniendo la música. 
 
 


Letra del Himno Nacional
(Actualmente sólo se cantan la estrofa V y el coro):

Coro:

Dulce Patria, recibe los votos
Con que Chile en tus aras juró
Que o la tumba serás de los libres
O el asilo contra la opresión.

I

Ha cesado la lucha sangrienta;
Ya es hermano el que ayer invasor;
De tres siglos lavamos la afrenta
Combatiendo en el campo de honor.
El que ayer doblegábase esclavo
Libre al fin y triunfante se ve;
Libertad es la herencia del bravo,
La Victoria se humilla a sus pies.

II
Alza, Chile, sin mancha la frente;
Conquistaste tu nombre en la lid;
Siempre noble, constante y valiente
Te encontraron los hijos del Cid.
Que tus libres tranquilos coronen
A las artes, la industria y la paz,
Y de triunfos cantares entonen
Que amedrenten al déspota audaz.

III
Vuestros nombres, valientes soldados,
Que habéis sido de Chile el sostén,
Nuestros pechos los llevan grabados;
Los sabrán nuestros hijos también.
Sean ellos el grito de muerte
Que lancemos marchando a lidiar,
Y sonando en la boca del fuerte
Hagan siempre al tirano temblar.

IV
Si pretende el cañón extranjero
Nuestros pueblos osado invadir;
Desnudemos al punto el acero
Y sepamos vencer o morir.
Con su sangre el altivo araucano
Nos legó por herencia el valor;
Y no tiembla la espada en la mano
Defendiendo de Chile el honor

V
Puro, Chile, es tu cielo azulado,
Puras brisas te cruzan también,
Y tu campo de flores bordado
Es la copia feliz del Edén.
Majestuosa es la blanca montaña
Que te dio por baluarte el Señor,
Y ese mar que tranquilo te baña
Te promete futuro esplendor.

VI
Esas galas, ¡oh, Patria!, esas flores
Que tapizan tu suelo feraz,
No las pisen jamás invasores;
Con tu sombra las cubra la paz.
Nuestros pechos serán tu baluarte,
Con tu nombre sabremos vencer,
O tu noble, glorioso estandarte,
Nos verá combatiendo caer.


 



 

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