Las sirenas
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De mujeres-pájaro a mujeres-pez

La apariencia física de las sirenas evolucionó. En la época griega, eran representadas como seres alados, con cara humana y cuerpo de ave como lo prueban las diferentes vasijas griegas antiguas. Su transformación en criaturas mitad mujer, mitad pez, con la parte inferior recubierta de escamas, se remonta aparentemente a la Edad Media y a las leyendas celtas y germánicas. Pero, ya bajo el Imperio Romano, se las confunde con las Nereidas, las cincuenta hijas de Nereo, dios marino, y de Doris, descendiente del Titán Océano. Las bellas Nereidas, de las que hablaremos más adelante, son las ninfas del mar y por lo tanto no es sorprendente que se las haya asemejado a las sirenas, también figuras marinas...
A las sirenas se las describe con frecuencia asomándose a la superficie del agua, o sentadas en una roca, peinándose su largo y rubio cabello con una mano y un espejo en la otra. Posteriormente, las sirenas pasaron a ser consideradas divinidades del más allá, y se suponía que cantaban para los bienaventurados en las Islas Afortunadas. Fue así como pasaron a representar las armonías celestiales y es así como las dibujan en los ataúdes y sarcófagos.
En las numerosas historias que se cuentan de ellas, las sirenas adivinan el futuro, a veces coaccionadas; otorgan poderes sobrenaturales a las personas, o se enamoran de hombres a quienes atraen por su belleza y sus canciones, seduciendo a sus amantes mortales a seguirlas bajo el agua. Tanto la idea de un amor ideal pero fatal, como la de una belleza femenina inalcanzable forman parte inherente de su leyenda, y a este respecto existen paralelismos entre las historias que se cuentan de ellas y las que aparecen en la mitología clásica.

Como sea, esta leyenda, nacida de la mitología griega y transmitida a través de los siglos, permanece por largo tiempo vivaz y continua asediando la imaginación de los navegantes del mundo entero.

Las sirenas a través de los Tiempos

   Aunque las sirenas nacieron de la imaginación de poetas griegos antiguos, la tradición que éstas inspiraron se transformó y se desarrolló con el paso del tiempo, particularmente bajo la influencia del folclor nórdico. La leyenda de las sirenas se popularizó rápidamente; se extendió por toda Europa y llegó incluso a territorios muy alejados, como la India, Rusia y Japón, pasando después a América. Algunas de las historias las representaban crueles, como la de Ulises, y otras las describían dulces y amorosas, como en el caso de Ondina, que según el relato apareció en la costa de Francia.

La mitología nórdica.- Las leyendas irlandesas e inglesas hacen todas referencia a la presencia  de sirenas a lo largo de sus costas, mientras que la mitología germánica las ve surgir de la espuma de las olas. La tradición bretona relata que Ahez, hija del rey Grallon, habría sido sumergida en las aguas por haber entregado la ciudad de Ys al diablo y a las olas, y se habría convertido en sirena. Saxo Grammaticus, un cronista de los siglos XII y XIII, describe por su parte el combate del rey danés Hadding, hijo de Gram, contra un monstruo acuático, mitad hombre, mitad pez.

Donde se pesca a un hombre-sirena.- Las representaciones de las sirenas se multiplican durante la Edad Media y se transforman en uno de los temas favoritos de decoración de los manuscritos. Hacia el año 1200, el cronista inglés Ralph de Coggeshall hace el siguiente relato: "Durante el siglo pasado, bajo el reinado del rey Enrique II, unos pescadores de Oxford, capturaron en el Canal de la Mancha a un hombre desnudo, que nadaba con soltura bajo el agua. Encerrado durante varios dias, éste se alimentó principalmente de pescado. No pronunciaba la más mínima palabra, aún bajo las peores torturas. Vuelto al agua, rasgó la red que lo retenía y consiguió hacerse mar adentro. Después de un tiempo, volvió a la orilla y vivió durante dos meses entre la gente de Oxford antes de volver definitivamente a su elemento natural."

Las sirenas de Cristobal Colón.- Mientras se encuentra frente a las Antillas, el navegante genovés cree divisar tres de estas criaturas que bailan en el agua. Son feas y mudas (en realidad, manatíes), pero él descubre en su mirada como una "nostalgia de Grecia".

Un encuentro moderno.- En 1869, en las Bahamas, seis hombres que se dirigen en canoa hacia una bahía divisan una sirena de una deslumbrante belleza, con los cabellos azules flotando sobre sus hombros y las manos hendidas. Esta emite unos gritillos de sorpresa al ver a los marinos y desaparece poco después, sin dejar que se acerquen.

Los fabricantes de sirenas.- El sentido comercial de algunos pueblos asiáticos contribuyó igualmente al desarrollo de la leyenda. Incluso se edificaron fortunas con la venta de curiosidades a los europeos: monstruos fabricados con la ayuda de pedazos de animales, simio y pez. Asimismo, en Djibuti, el esqueleto de una auténtica sirena es vendido a unos norteamericanos. Por supuesto, se trata de una falsificación hecha por unos comerciantes ingeniosos.

Este mito tiene versiones más o menos iguales en casi todos los países, no sólo europeos sino también a nivel mundial. También en España, por supuesto. Así, entre otras similares que podemos hallar en la mitología popular de los pueblos costeros españoles, podemos citar por ejemplo a la sirena asturiana, que también es mitad mujer y mitad pez. En esta región se conservan pocos relatos de este tipo de elementales, aunque no faltan en la costa diferentes recuerdos de lo que eran estos seres. Para algunos se trataba de seres terribles provenientes de los pueblos del mar, los había machos y hembras, y con sus cánticos provocaban terribles tempestades y espantaban a los peces; hacia la Edad Media esta especie proliferó en demasía y ello hizo que los pueblos pescadores intentasen acabar con esa auténtica plaga.
Sin embargo, estas historias apenas son recordadas en los lugares donde sucedieron tales crónicas (si es que alguna vez sucedieron realmente) y en la actualidad se sigue recordando a la sirena como una mujer pez, más emparentada con la Xana de las aguas continentales o con otras muchas ondinas o 'damas de las aguas', presentes en buena parte de la geografía española.

Sigue en página 3
Ninfas, Ondinas y Nereidas


 



 

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